Océano de escritores

Pocos de vosotros me conocéis. La gran mayoría que habéis llegado hasta aquí lo hacéis por encontrar un consejo que posiblemente necesitéis, aunque a fin de cuentas seguramente seréis como yo. Un escritor novel, indie o cualesquiera adjetivo con que cada uno se autoproclame.

Como todo recién estrenado escritor que se ha embarcado en un proyecto literario al que le llega el momento en que tras meses, o incluso años, cincela las letras previas a la última página de cortesía, separé la cabeza del teclado y quise publicar mi obra maestra para que otras almas pudiesen leerla y saborear el dulce néctar que durante tanto tiempo me ha arrancado sonrisas, lágrimas, remordimientos, viejos recuerdos y experiencias que han guiado mi pluma y han dado forma a algo de cuyo fin me he sentido objeto, en momentos en los que la propia historia parecía escribirse sola. Como si alguien me susurrara al oído su vida sin orden ni concurrencia, haciéndome partícipe de algo tan ajeno y dependiente de mi esfuerzo por esmerar cada frase del estamento. Así de importante, gratificante y frustrante llega a ser el deber de quienes nos servimos de la inagotable fuente de la imaginación. De quienes nos tropezamos con una historia que da sentido a nuestras vidas, a la vez que nos quita ese tiempo que podríamos dedicar a nuestras familias u otros quehaceres y distracciones que hoy día nunca terminan.

Y es en ese punto donde nos encontramos con un libro cerrado bajo el brazo y un océano demasiado grande ante nuestras narices con tantas voces que llega a desorientarnos. Son las voces de otros escritores de tantos colores y tamaños como peces hay en el mar compitiendo por que sus propios libros alcancen la ansiada orilla. En ese momento te das cuenta que debes mover las aletas que la suerte o el destino te brindaron desde el momento de tu nacimiento. Puede que seas un pequeño pez que pasa desapercibido, o tal vez una ballena azul a la que siguen muchos otros peces alimentándose de las sobras que va dejando a su paso. El hecho es que si has llegado hasta aquí, es porque también deseas alcanzar la orilla.

Es el momento de mandar tu obra a Plaza&Janes, Penguin, Planeta e infinidad de editoriales que surcan la superficie del océano de letras con sus barcos de vela y sus enormes redes extendidas repletas de libros. Lanzas tu adorada obra a sus cubiertas y observas como resbala hasta regresar al agua. Un intento tras otro mientras te das cuenta de que su interés se encuentra en famosos televisivos, cocineros y toda índole de peces cuya dedicación a la escritura sólo les ha durado una semana que han dedicado a obras que ningún editor sería capaz de publicar sin contar con los servicios de un buen corrector.

Déjame decirte, que no debes apenarte si ves tu libro caer hasta lo más profundo de este océano. No se trata de tu calidad como escritor ni tampoco de que la portada sea más o menos llamativa. Tampoco de la calidad de tu historia. Es que no se han fijado en ella.

Aquí es donde debo explicarte algo que has empezado a sospechar, pero que jamás nadie se molestará en contarte al principio del camino. Eres un pescado y como tal, si deseas triunfar, debes insistir hasta que la suerte o el destino os dejen atrapados a ti y a tu libro en la primera red con pretensión de llevarte hasta la orilla, donde te filetearán y te venderán en todas las librerías a las que tu obra pueda llegar. Pero debes estar advertido, de que para todos no eres más que un producto del que sacar beneficio.

Antes de ser escritor fui comerciante, o lo que más finamente se define como trader. He llegado a organizar contratos multimillonarios y he negociado con todo tipo de seres imaginables. Desde políticos hasta gentes del campo, pasando por comerciantes, directores portuarios, banqueros e incluso rufianes y piratas. El mundo editorial no es muy distinto del que provengo, solo que en lugar de grandes barcos cargados de materias primas, se comercia con libros. Una materia prima, por cierto, inagotable. Es con mi experiencia con la que te puedes permitir el lujo de ver el mundo desde la superficie y empatizar, desde la distancia, con aquellos que desde sus despachos deciden los movimientos del mercado editorial. Es un mundo sin escrúpulos en el que las editoriales deben competir para llenar las librerías con sus sellos, donde los libros son un instrumento. Una apuesta cuyo resultado sirve para repartirse un pastel en un momento y lugar concretos. Es así como sucedía en el mundo del que participé en el pasado. Una necesidad siempre se cubre con la oferta y producto perfecto. El problema siempre es el mismo. ¿Cuál es el producto perfecto?

Como para ti el producto perfecto es tu libro, decides iniciarte en los grupos de facebook, twitter, instagram, blogs e incluso youtube. Estas plataformas pasan a ser el nuevo escritorio del autoproclamado escritor, en las que pasa mayor tiempo haciendo spam que escribiendo cuentos, hasta que llega el momento de las dudas y el desasosiego tras horas perdidas y te planteas qué estás haciendo. Consultas a tus amigos y conocidos, foros, grupos y descubres a los peces que han decidido navegar en las aguas de la autopublicación. Unas aguas tranquilas, pero no por ello carentes de peligros. Piratería, coedición, editoriales que se sustentan a sí mismas con los beneficios de las ventas que ocultan al ingrato escritor que ha confiado su obra, su nombre y su ilusión te abordan y tratan de sacarte provecho.

Llegados a este punto, mi consejo es que si eres escritor, seas novel o indie, nunca dejes de escribir con la pasión y la ilusión con que lo hiciste al principio del camino. Cada libro que escribas, es una lotería lanzada al viento que alguien leerá. A fin de cuentas, no escribes para las editoriales, ni tampoco para otros escritores a los que puede que prestes demasiada atención. Escribes para las almas perdidas que necesitan encontrar tus escritos. ¿Qué función sino tiene el escritor, mas que la de brindar ilusión y experiencias que enriquezcan la vida de quienes lo lean? Nunca se sabe si un día alguien se fijará en tu escrito y te dará un buen empujón en este océano de escritores. A fin de cuentas, son quienes nunca dejan de escribir los que llegan por su propio pie hasta la orilla.

Puede que no sea sencillo. Incluso yo mismo debo darme de vez en cuando un buen escarmiento cuando visito las redes sociales y me veo tentado a perder mi tiempo entre tantos otros socialmedia-escritores.

Escribe, escritor. Deja que sean tus letras las que construyan tu barco de vela.

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